Page 738 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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señorita Matheson de la colcha, como si fuese la
hoja seca de un árbol raro.
—Nell —dijo la señorita Matheson—, no
malgastemos mis últimos momentos con
amabilidades.
—Oh, señorita Matheson... —empezó a decir
Nell, pero los ojos de la vieja dama se abrieron y
lanzaron a Nell aquella mirada practicada
durante muchas décadas en las aulas, que
todavía no había perdido su poder
intimidatorio.
—He pedido que vengas porque eras mi
estudiante favorita. ¡No‐No digas nada —le
advirtió la señorita Matheson, al acercarse la
cara de Nell con los ojos llenos de lágrimas—. Se
supone que las profesoras no deben tener
favoritas, pero me acerco al momento en que
debo confesar todos mis pecados, así que ése es
uno.
»Sé que tienes un secreto, Nell, aunque no
imagino qué puede ser, sé que es un secreto que
te ha hecho distinta a cualquier otra chica a la
que haya enseñado. Me pregunto qué vas a
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