Page 757 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—No me mientas, ¡reconozco su cabalina! —
dijo, y finalmente apartó a Amelia del camino,
entró en el salón, toda larguirucha, desgarbada
y hermosa, una encarnación de la alegría. Dio
dos pasos en la alfombra oriental y luego se
lanzó tan larga como era por el sofá a los brazos
de su padre, donde permaneció unos minutos
alternativamente llorando y riendo.
Gwen tuvo que ser escoltada fuera de la
habitación por Amelia quien volvió
inmediatamente y se situó cerca, con las manos
a la espalda como un soldado, vigilando los
movimientos de Hackworth.
Hackworth no imaginaba de qué le creían
capaz: ¿incesto en el salón? Pero no tenía sentido
arruinar el momento pensando en cosas
molestas, y, por tanto, eliminó a Amelia de su
mente.
Padre e hija pudieron conversar durante un
cuarto de hora, apuntando temas para una
futura conversación. Para entonces, Gwen había
recuperado su compostura lo suficiente para
volver a entrar en la habitación, y ella y Amelia
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