Page 777 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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la variedad pasada de moda como los nuevos
emporios de fantasía dirigida, en los que podías
ser la estrella de una pequeña obra escrita por ti
mismo. Nell redujo la velocidad para
examinarlos, memorizando las direcciones de
los que tenían carteles nuevos o muy bien
ejecutados.
Todavía no tenía un plan claro. Todo lo que
sabía era que debía seguir moviéndose como si
fuese a algún sitio. De esa forma los hombres
jóvenes, que hablaban por los teléfonos móviles
en las calles, seguirían mirándola pero la
dejarían en paz. En el momento en que se
detuviese o pareciese mínimamente insegura,
atacarían.
El denso aire húmedo a lo largo del Huangpu
soportaba millones de toneladas de boyas de
aire, y Nell sintió cada kilo de su peso apre‐
tándole las costillas mientras intentaba patinar
de un lado a otro del paseo del puerto,
intentando mantener el impulso y su falso
sentido de dirección. Aquello era la República
Costera, que parecía no tener principios
definidos aparte de que el dinero hablaba y
hacerse rico era bueno. Toda tribu del mundo
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