Page 780 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Por  desgracia,  la  oficina  de  madame  Ping


              estaba  cerrada.  En  la  parte  de  atrás  había


              algunas  luces  encendidas,  pero  las  puertas


              estaban cerradas y no había recepcionistas a la


              vista.  Nell  no  sabía  si  sentirse  divertida  o


              molesta;  ¿quién  ha  oído  hablar  jamás  de  un


              burdel que cierra cuando se hace de noche? Pero


              claro,          aquéllas              eran           sólo         las        oficinas


              administrativas.





                  Se  rezagó  en  el  vestíbulo  durante  unos


              minutos, y luego cogió un ascensor que bajaba.


              Justo cuando se cerraban las puertas, alguien lle‐


              gó al vestíbulo y le dio al botón, abriéndolas de


              nuevo.  Era  un  joven  chino  con  un  cuerpo


              delgado y pequeño, cabeza grande, bien vestido


              y que llevaba algunos papeles.





                  —Discúlpeme —dijo—. ¿Desea algo?





                  —Quería pedir trabajo —dijo Nell.





                  Los ojos del hombre recorrieron su cuerpo de


              un modo fríamente profesional, casi por


              completo carente de lascivia, empezando y aca‐


              bando en su cara.





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