Page 977 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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una forma inteligente de hacer algo, debe
hacerlo, como el agua que encuentra una grieta
en un dique debe atravesarla y cubrir la tierra al
otro lado.
—Adiós, Doctor X —dijo Hackworth—.
Entenderá que, aunque le tengo en la más alta
estima personal, no pueda sinceramente desear‐
le buena suerte en su actual empresa.
Hackworth levantó el sombrero y se inclinó
hacia un lado, forzando a Secuestrador a ajustar
un poco su posición. El Doctor X devolvió el
saludo, permitiendo que Hackworth volviese a
ver el botón de coral de su birrete. Hackworth
dirigió a Secuestrador hacia Shanghai.
Esa vez tomó una ruta más hacia el norte,
siguiendo una de las múltiples autopistas
radiales que convergían en la metrópolis. Des‐
pués de cabalgar durante un tiempo, fue
consciente de un sonido que había estado al
borde de la perceptibilidad durante un tiempo:
unos pesados, lejanos y rápidos tambores, quizá
dos veces más rápidos que su corazón. Primero
pensó, por supuesto, que eran los Tamborileros,
y estuvo tentado de explorar los canales
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