Page 343 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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sufrir... sea como fuere, se me oscureció la visión y me
quedé en un estado en el que estaba más desmayado
que dormido.
Había contado con que los airados dioses de los
mayas me enviarían una de sus terroríficas y asfixiantes
visiones, pero en mi sueño se me apareció de nuevo mi
perro. Me acuerdo de lo indecible que fue mi alegría
cuando lo volví a ver: sufría pesadillas suficientes en mi
vida real, y eran las horas de sueño las que me
proporcionaban unos instantes de paz de espíritu. Pero
no pasaba mucho tiempo hasta que los platos de la
balanza se equilibraban de nuevo. ¡Con qué frecuencia
había querido ir a pasear con él por el parque, para que
el pobrecito pudiera estirar las patas, que se le habían
hinchado terriblemente durante las semanas de
separación! Pero esta vez se negaba insistentemente a
seguirme escaleras abajo. Aunque le hablase con cariño
y tratara de convencerlo para que caminase hasta la
puerta... se quedaba echado sobre la alfombra de la
cocina, con el cuerpo sobre el suelo, y gimoteaba
angustiado. Cuando traté de llevarlo por la fuerza, me
respondió con un gruñido sordo y me enseñó los
dientes.
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