Page 346 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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pasillo, exactamente hacia el mismo lugar que mi perro
había mirado momentos antes desde la cocina. Por unos
segundos no pude librarme de la sensación de que allí
había alguien, y de que ese alguien, o algo, también me
miraba a mí, con la diferencia de que yo estaba a ciegas,
y eso, en cambio, sí me veía...
El sueño había sido tan demoledor que permaneció
durante largo rato en mis pensamientos. Para empezar,
porque no había esperado que los dioses mayas
penetraran con tan poca consideración en mi santuario,
en mi último refugio. También, porque, por extraño que
pueda parecer, la presencia de mi perro le había dado
mayor credibilidad al absurdo sueño y me había
revelado la absoluta gravedad de la situación. Por
primera vez, mi fiel compañero había atravesado a
nado el río del olvido y me había advertido contra un
peligro. Y yo no podía rechazar su aviso.
—Dmitry Alexeyevich, ¿está usted en casa? ¿Usted
también se ha quedado sin corriente? ¿Esto de ahora ha
sido un terremoto? ¡Qué horrible! Dmitry Alexeyevich...
Oí la voz de la vecina en la escalera... la misma que
me había abroncado cuando me habían hecho la
pintada en la puerta.
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