Page 466 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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D Dm mi it tr ry y   G Gl lu uk kh ho ov vs sk ky y                                                                                                                              S Su um me er rk ki i   ( (C Cr re ep pú ús sc cu ul lo o) )


           alcanzado cotas de maestría desconocidas hasta entonces, así

           como  su  escritura,  y  muchos  de  los  ritos  con  los  que

           celebraban  a  sus  dioses,  cayeron  en  el  olvido.  Y  que  el  día


           maldito no había conllevado el fin del mundo, sino la muerte

           del pueblo. Que, sin embargo, quienes no habían creído en las


           predicciones  sufrieron  el  desprecio  de  los  creyentes,  la

           destrucción de sus casas y el incendio de sus poblaciones.


                  Que el sacerdote me contó entonces que su estirpe, que


           siglos  atrás  había  sido  un  poderoso  y  célebre  principado,

           decaía  con  el  paso  de  los  años  y  sus  miembros  se

           transformaban en salvajes, que no recordaban ser los últimos


           guardianes del libro sagrado que había puesto fin a los mayas.

           Que él mismo había recibido dicho libro de manos de su padre

           moribundo,  y  éste,  a  su  vez,  de  su  propio  padre.  Y  que  él,


           cuando le llegara el día de la muerte, legaría el manuscrito a

           su  hijo,  y  que  éste,  entonces,  se  constituiría  en  sacerdote  y

           depositario del libro. Y que dicha práctica seguiría mientras


           viviese el gran dios de los indios, Itzamná, así como todos los

           otros dioses, y el mundo existiera. Porque el más precioso y


           terrible secreto del manuscrito sagrado reside en la veracidad

           de  la  profecía,  pero  los  cálculos  de  los  intérpretes  de  las

           estrellas que explicaron el libro resultaron falsos.



                  Que todos los hijos del pueblo de los mayas y todos los

           hombres  de  este  mundo,  cualquiera  que  sea  su  estirpe,

           cualquiera que sea el dios al que adoren, han de saber que el


           mundo  es  finito,  igual  que  el  hombre  es  mortal;  y  que  el

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