Page 528 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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D Dm mi it tr ry y   G Gl lu uk kh ho ov vs sk ky y                                                                                                                              S Su um me er rk ki i   ( (C Cr re ep pú ús sc cu ul lo o) )


           y  se  quedó  callado.  El  labio  de  abajo  le  colgaba  y

           temblaba  como  por  una  enfermedad.  Se  volvió,  se

           acarició el cabello y sacó otro cigarrillo. Calló durante


           largo rato y luego dijo con voz ronca:


                  —Disculpe. A veces lo olvido.


                  Entonces se me ocurrió una idea demencial: ¿Podía


           ser que Valentina Anisimova, la misma que diez años

           antes  había  pagado  el  pasaje  al  barquero  Caronte,

           hubiera  resucitado  de  pronto  porque  su  hombre  no


           podía con la soledad? Miré al viejo y me di cuenta de

           que la pregunta podía hacerle todavía más daño, y me

           callé.









                  De  todas  maneras,  no  habría  podido  preguntarle

           nada más a Knorozov, porque en ese mismo momento


           le sucedió algo terrible.


                  Perdió el equilibrio, se apoyó contra la pared y miró

           aterrado en todas las direcciones. Entonces palideció y

           se  apretó  su  propia  cabeza  con  tal  fuerza  que  parecía


           que  la  fuera  a  aplastar.  Cayó  de  rodillas  y,  ante  mis

           propios  ojos,  empezó  a  perder  color,  luego  se  volvió

           transparente,  hasta  que,  por  fin,  casi  se  disolvió  en  el


           aire.





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