Page 54 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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quedaban en la sartén y me lo metí en la boca. Habría
tenido que lavar los platos, pero, qué mala suerte... el
clarín nos llamaba a formar y no podía separarme de la
expedición.
Que nuestra partida, en tres semanas, había recorrido no
menos de treinta leguas. Que el último asentamiento indio
por el que pasamos fue Hochob, donde obtuvimos tortas y
harina por medio del trueque, y luego nos adentramos
nuevamente en la selva y empezó una marcha penosa en
extremo. Que el abastecimiento nos resultó cada vez más
dificultoso y los soldados empezaron una vez más a
murmurar. Que algunos de ellos pensaban que los guías no
querían sino llevarnos cada vez más adentro de la selva y que
en ella nos aguardaba una emboscada, y que entonces no
podrían los caballos ayudarnos a vencer en el combate contra
los indios. Que pensaban en sus compañeros desaparecidos, y
varios soldados afirmaron que aquéllos no habían regresado a
Maní, sino que también habían muerto en una emboscada.
Que, entre los españoles, tan sólo el señor Vasco de Aguilar,
fray Joaquín y yo mismo estábamos al corriente de que los
guías no nos habían traicionado, sino que había ocurrido
alguna otra cosa, y que no nos hallábamos en situación de
comprender de qué se trataba, y que había intervenido la
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