Page 202 - El Increible Hombre Menguante - Richard Matheson
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Una nueva toxina.


                   ―Díganos  algo  —le  pidieron—.  ¿Ha  estado


            expuesto a alguna clase de germen vaporizado? No,


            nada  de  guerra  bactericida.  ¿Ha  sido  usted,  por


            ejemplo,  rociado  accidentalmente  con  una  gran


            cantidad de insecticida?


                   Al  principio  no  se  acordó  de  nada;  sólo



            experimentó  un  gran  terror.  Después  llegó  el


            recuerdo. Los Angeles, un sábado por la tarde del


            mes de julio. Había salido de la casa, en dirección a


            la  tienda.  Caminó  por  un  callejón  bordeado  de


            árboles, entre dos hileras de casas. De repente pasó


            un camión del Ayuntamiento, rociando los árboles.


            El  vapor  cayó  sobre  él,  quemándole  la  piel,


            ocasionándole  una  gran  picazón  en  los  ojos  y


            cegándole  momentáneamente.  Insultó  a  gritos  al



            conductor.


                   ¿Podía ser ésa la causa de todo aquello?


                   No, ésa no. Ellos se lo dijeron. Aquello fue sólo


            el  principio.  A  aquel  vapor  le  sucedió  algo,  algo


            fantástico  y  desconocido;  algo  que  convirtió  al


            insecticida  ligeramente  virulento  en  un  veneno


            mortífero que destruía el crecimiento.



                   De  modo  que  buscaron  ese  algo,  formulando


            interminables                        preguntas                      y           hurgando


            constantemente en el pasado.


                   Hasta  que,  en  un  segundo,  todo  se  aclaró.






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