Page 203 - El Increible Hombre Menguante - Richard Matheson
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Recordó la tarde pasada en el barco, el rocío que se
abatió sobre él, el ácido hormigueo de su piel.
Un vapor impregnado de radiación.
Y eso fue todo; la búsqueda había tocado a su
fin. Un insecticida terriblemente alterado por la
radiación. Una posibilidad entre un millón. Aquélla
concretísima cantidad de insecticida combinada
con aquella otra concretísima cantidad de
radiación, recibidas por su sistema justamente en
aquel orden y en aquel espacio de tiempo; dado que
la radiación se disipaba rápidamente, era
imperceptible.
Sólo quedaba el veneno.
Un veneno que, sin destruir la glándula
pituitaria, destruía poco a poco su capacidad para
mantener el crecimiento. Un veneno que, día a día,
forzaba a su sistema a convertir el nitrógeno en un
exceso de materia de desecho; un veneno que
afectaba a la creatinina, al fósforo y al calcio y los
transformaba en materia que debía eliminarse. Un
veneno que por esa razón descalcificaba sus huesos
que, débiles y flexibles, podían menguar poco a
poco. Un veneno que anulaba cualquier extracto
hormonal que pudieran administrarle provocando
una acción antihormonal en oposición directa.
Un veneno que le hizo, poco a poco, un hombre
menguante.
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