Page 204 - El Increible Hombre Menguante - Richard Matheson
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¿Que la búsqueda había tocado a su fin? Desde
luego que no. Sólo existía un modo de combatir las
toxinas, y este modo era encontrar las antitoxinas.
Así que le enviaron a su casa. Y mientras él
esperaba allí, buscaron la antitoxina que podría
salvarle.
Las manos, convertidas en crispados puños, se
apretaban a lo largo de su cuerpo. ¿Por qué,
dormido o despierto, tenía que pensar en aquellos
días de espera? Aquéllos días en que todo su cuerpo
estaba continuamente en tensión para oír el timbre
de la puerta, o la súbita estridencia del repiqueteo
del teléfono… Había sido un salto libre de la mente,
en el que su conciencia no logró encontrar una base
en que apoyarse, pero que a pesar de todo se
mantenía en un suspenso constante, aguardando.
Los innumerables viajes a la oficina de Correos,
donde había alquilado una caja para poder recibir
dos y tres entregas al día, en vez de sólo una. Aquél
cruel paseo desde el apartamento hasta la oficina de
Correos, deseando correr y teniendo que andar, con
el cuerpo tenso por el ansia desesperada de correr.
La entrada en la oficina de Correos, con las manos
entumecidas y el corazón desbocado. Después
cruzaba el vestíbulo con suelo de mármol, se
agachaba y miraba en su casilla. Y, cuando había
cartas, sus manos temblaban tanto que apenas
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