Page 108 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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mostrar el último eslabón de esta cadena de
horribles misterios; pero, si alguien puede hacerlo,
ese hombre eres tú, Raymond. Y, como sólo tú
conoces el secreto, es cosa tuya contarlo o no,
según te parezca.
Te escribo esta carta inmediatamente después de
mi regreso a la ciudad. He estado en el campo unos
cuantos días; probablemente adivinarás dónde.
Mientras el horror y el asombro de Londres
estaban en todo su apogeo —pues, como te dije, «
la señora Beaumont» era muy conocida en
sociedad—, escribí a mi amigo el Dr. Phillips,
suministrándole un breve bosquejo o, mejor dicho,
un indicio, de lo que había sucedido, y rogándole
que me indicase el nombre del pueblo donde
tuvieron lugar los acontecimientos que él me había
contado. Me dio el nombre, según dijo, sin la
menor vacilación, porque los padres de Rachel
habían muerto y el resto de la familia se había ido
a vivir con un pariente al Estado de Washington
hacía seis meses. Los padres, dijo, habían fallecido,
sin duda alguna, del pesar y el horror causados por
la terrible muerte de su hija y por lo que había
ocurrido antes. La tarde del día que recibí la carta
de Phillips me encontraba en Caermaen; y allí, bajo
las desmoronadas murallas romanas, blanqueadas
por los inviernos de mil setecientos años,
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