Page 247 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 247
de las farmacias modernas. Pero a Francis le caía
bien el viejo boticario y tenía fe en la escrupulosa
pureza de sus medicamentos. La medicina llegó
puntualmente, y comprobé que mi hermano la
tomaba regularmente después de las comidas. Era
un polvo blanco de aspecto inofensivo, del que se
disolvía una pequeña cantidad en un vaso de agua
fría, que desaparecía al removerla yo, dejando el
agua clara e incolora. Al principio Francis pareció
mejorar bastante: desapareció el cansancio de su
rostro y se mostraba más animado de lo que nunca
había estado desde que abandonó el colegio;
hablaba alegremente de reformarse y me confesó
que había perdido el tiempo.
—He dedicado demasiadas horas al derecho —
me dijo riéndose—. Creo que me has salvado justo
a tiempo. Todavía puedo ser presidente de la
Cámara de los Lores, pero no debo olvidarme de
vivir. Dentro de poco tú y yo tomaremos unas
vacaciones; iremos a París y nos divertiremos, y
evitaremos la Bibliothéque Nationale.
Le contesté que me encantaba la perspectiva.
—¿Cuándo nos marchamos? —le dije—. Si
quieres, puedo estar lista pasado mañana.
—Ay, tal vez sea demasiado pronto. Después de
todo, no conozco Londres todavía, y supongo que
un hombre debe probar antes que nada los
246

