Page 249 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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agradecida  al  doctor  Haberden  por  tan  rápida


            mejoría.



              Creo que mi hermano volvió a casa muy tarde esa


            noche, pero a la mañana siguiente estaba de muy


            buen humor.


              —Caminé sin rumbo fijo —me dijo—, disfrutando


            del aire fresco y animado por la muchedumbre al


            llegar  a  los  barrios  más  frecuentados.  Entonces,



            entre  todo  aquel  gentío,  tropecé  con  Orford,  un


            viejo  amigo  de  la  universidad,  y…  bueno,  nos


            divertimos  bastante.  Ayer  pude  experimentar  lo


            que es ser joven y hombre. Comprobé que tengo


            sangre en las venas como los demás hombres. Esta


            noche me he citado de nuevo con él; unos cuantos


            amigos nos reuniremos en un restaurante. Sí, voy


            a divertirme durante una o dos semanas, y oiré dar


            las campanadas por las noches. Después haremos



            un viajecito juntos.


              Fue  tal  la  transformación  del  carácter  de  mi


            hermano  que  en  pocos  días  se  convirtió  en  un


            amante  del  placer,  uno  de  esos  alegres  y


            despreocupados  paseantes  ociosos  de  las  calles


            más concurridas, un descubridor de restaurantes


            acogedores, y un excelente conocedor de los bailes



            más exóticos. Engordaba a ojos vistas y no volvió a


            hablar  de  París,  pues  evidentemente  había


            encontrado  su  paraíso  en  Londres.  Yo  estaba

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