Page 252 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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sensación de que lo que había visto no era un
cardenal. ¡Ah!, si la carne humana pudiera arder
con llamas negras como la pez, eso era lo que tenía
ante mí. Sin pensarlo, ni formularlo en palabras, un
sombrío horror fue tomando forma dentro de mí
ante aquella visión, y alguna recóndita célula de mi
cerebro llego a la conclusión de que aquello era un
estigma. Por un momento aquel cielo teñido de
color se oscureció como a medianoche, y cuando
volvió la luz me di cuenta de que estaba sola en
aquella silenciosa habitación. Poco después oí
marcharse a mi hermano.
Aunque era tarde, me puse el sombrero y fui a ver
al doctor Haberden. Y en su amplio consultorio,
escasamente iluminado por una vela que el doctor
trajo consigo, con labios temblorosos y una voz que
se quebraba a pesar de mi resolución, se lo conté
todo, desde el día en que mi hermano empezó a
tomar la medicina hasta la horrible señal que había
visto en su mano apenas media hora antes.
Cuando terminé, el doctor me miró durante unos
instantes con una evidente expresión compasiva
en el rostro.
—Mi querida señorita Leicester —dijo—, es obvio
que ha estado usted inquieta por su hermano, que
le preocupa mucho, ¿no es cierto?
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