Page 254 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 254
—Nada importante. Anoche me corté un dedo y
sangró bastante. De modo que me lo vendé lo
mejor que pude.
—Yo te lo vendaré como es debido, si quieres.
—No, gracias, querida; con este vendaje bastará.
¿Y si desayunáramos?
Estoy hambriento.
Nos sentamos y estuve observándolo. Apenas
comió ni bebió; le echaba la comida al perro
cuando creía que yo no le miraba. En sus ojos había
una expresión que yo no le había visto nunca, y de
pronto se me ocurrió que aquella mirada apenas
parecía humana. Estaba plenamente convencida
de que, por increíble y atroz que fuese lo que había
visto la noche anterior, no era sin embargo una
ilusión, ni un desvarío de mis perplejos sentidos.
De modo que esa misma tarde fui otra vez a casa
del médico.
El doctor Flaberden meneó la cabeza con aire de
incredulidad y desconcierto, y pareció reflexionar
unos instantes.
—¿Y dice usted que sigue tomando la medicina?
¿Por qué? Según tengo entendido, todos los
síntomas que le aquejaban han desaparecido hace
tiempo. ¿Para qué seguir tomando ese mejunje si
se encuentra completamente bien? A propósito,
¿dónde encargó que se lo preparasen? ¿En la botica
253

