Page 288 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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pecador muy posiblemente puede dar la
impresión a un observador imparcial de ser un
personaje completamente inofensivo.
—Desde luego; porque el auténtico mal nada
tiene que ver con la vida o las leyes sociales, o, si lo
tiene, es sólo de forma secundaria y accidental. Es
una pasión solitaria del alma, o una pasión del
alma solitaria, como usted prefiera. Si, por
casualidad, la percibimos y captamos su
significado exacto, entonces, verdaderamente, nos
llenará de horror y de terror. Pero esta emoción es
muy distinta del miedo y el asco con que
consideramos al criminal corriente, pues este
último sentimiento está basado totalmente, o en
gran parte, en la estima que sentimos por nuestro
propio pellejo o bolsa. Odiamos al asesino porque
odiamos ser asesinados, o que asesinen a los que
queremos. Así, en el ‘reverso de la medalla’,
veneramos a los santos, pero no los queremos
como a nuestros amigos. ¿Puede usted
convencerse a sí mismo de que se habría «
divertido» en compañía de San Pablo? ¿cree que
usted y yo nos habríamos « llevado bien» con sir
Galahad?
» Lo mismo que con los santos, ocurre con los
pecadores. Si se tropezara usted con un hombre
perverso y reconociera su maldad, sin duda le
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