Page 285 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Hace  un  momento  ha  empleado  usted  la


            palabra « inconsciente» al referirse a los críticos de



            Keats. ¿Es siempre inconsciente la maldad?


              —Siempre. Debe serlo. En este aspecto, como en


            tantos  otros,  es  comparable  a  la  santidad  y  a  la


            genialidad; es una especie de rapto o éxtasis del


            alma;  un  esfuerzo  extraordinario  por  sobrepasar


            los  límites  habituales.  Así,  al  sobrepasar  éstos,


            sobrepasa  también  la  comprensión,  esa  facultad



            que presta atención a todo aquello que le precede.


            No;          un         hombre               puede             ser         horrible             e


            ilimitadamente  perverso  sin  que  nunca  llegue  a


            sospecharlo.  Pero,  como  le  digo,  el  mal  en  su


            verdadero sentido es raro, y creo que cada vez lo


            es más.


              —Estoy                intentando                  comprenderlo                      —dijo


            Cotgrave—. De lo que usted dice, deduzco que el



            verdadero  mal  difiere  genéricamente  de  lo  que


            solemos llamar mal, ¿no es eso?


              —En efecto. Sin duda existe una analogía entre los


            dos;  un  parecido  semejante  al  que  nos  autoriza


            legítimamente a utilizar expresiones tales como «


            al pie de la montaña» o « la pata de la mesa» . Y, a


            veces, por supuesto, los dos hablan, por así decirlo,



            el  mismo  lenguaje.  El  rudo  minero,  o  el


            indisciplinado y rudimentario « fiera» , calentado


            por una o dos copas de más, llega a casa y pega a

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