Page 295 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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blancos, y había blancas colinas, tan altas como la


            luna,  y  un  viento  frío.  Después  he  soñado  a



            menudo  con  ese  lugar,  pero  los  rostros


            desaparecieron cuando era muy pequeña. Pero me


            sucedió  una  cosa  maravillosa  cuando  tenía  unos


            cinco  años.  Mi  niñera  me  llevaba  en  brazos;


            atravesamos  un  campo  de  trigo  amarillo;  hacía


            mucho  calor.  Luego  llegamos  a  un  sendero  que


            atravesaba  el  bosque,  y  un  hombre  alto  vino  en



            nuestra  busca  y  nos  acompañó  a  un  lugar  muy


            oscuro  y  sombrío  donde  había  una  profunda


            charca.  La  niñera  me  depositó  sobre  el  blanco


            musgo, debajo de un árbol, y dijo:


              —desde aquí no podrá llegar a la charca.


              Así  que  me  dejaron  allí  y  me  senté,  inmóvil,  y


            observé,  y  salieron  del  agua  y  del  bosque  dos


            maravillosas  criaturas  blancas,  y  empezaron  a



            jugar,  a  bailar  y  a  cantar.  Eran  de  un  blanco


            cremoso, como la vieja figura de marfil del salón;


            una era una hermosa dama de bellos ojos oscuros,


            rostro severo, y largos cabellos negros, que sonreía


            tristemente al otro, el cual se reía e iba hacia ella.


            Jugaron  juntos,  bailaron  en  torno  a  la  charca,  y


            cantaron  una  canción  hasta  que  me  dormí.  La



            niñera me despertó al volver; se parecía un poco a


            la dama que había visto, así que se lo conté todo y


            le pregunté el porqué de ese parecido. Al principio

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