Page 297 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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especie de túnel, por donde debió correr un
arroyo, que ahora estaba completamente seco; el
suelo era rocoso y los arbustos habían crecido por
encima hasta juntarse, de manera que el lugar
resultaba completamente oscuro. Continué
avanzando por aquel sombrío paraje; el camino
era largo, muy largo. Y llegué a una colina que
jamás había visto antes. Al atravesar un tenebroso
matorral, lleno de ramas negras y retorcidas, me
desgarré la ropa y lloré, pues me pinchaban por
todas partes; luego advertí que estaba
ascendiendo, y continué subiendo y subiendo un
largo trecho, hasta que, finalmente,
desaparecieron los matorrales y llegué, sin dejar
de llorar, a un lugar donde se abría una gran
explanada pelada, cubierta por todas partes de
feas piedras grises y con algunos arbolitos
retorcidos y atrofiados saliendo de debajo de las
piedras, como si fueran serpientes. Seguí
ascendiendo un largo trecho, hasta alcanzar la
cumbre. Jamás había visto antes unas piedras tan
grandes y tan repulsivas; algunas salían de la
tierra, otras parecían como si las hubiesen llevado
rodando hasta allí, y se extendían a lo lejos hasta
donde alcanzaba la vista. Desde ellas contemplé
el paisaje, que era muy extraño. Era invierno, y
las colinas circundantes estaban cubiertas de
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