Page 298 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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terribles bosques ennegrecidos; era como ver un
enorme salón cubierto de negros cortinajes, y los
árboles parecían completamente diferentes a los
que había visto antes. Estaba asustada. Luego,
más allá de los bosques, había otras colinas que
me rodeaban como un gran anillo, pero que jamás
había divisado; parecían negras y cada una tenía
un voor encima. Todo estaba tranquilo y
silencioso, y el cielo cargado, gris y triste como las
espantosas cúpulas voorianas del abismo de
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Dendo.
Continué avanzando por entre las horribles rocas.
Había centenares de ellas. Algunas parecían
hombres haciendo horrorosas muecas; pude ver
sus rostros, dispuestos a salirse de la piedra y saltar
sobre mí para cogerme y arrastrarme con ellos a las
rocas, de donde nunca podría salir. Otras eran
como animales, reptantes y repugnantes animales
que sacaban la lengua; otras eran como palabras
que no puedo pronunciar; y, finalmente, otras
parecían muertos tumbados sobre la hierba.
Proseguí mi camino entre ellas, aunque me
asustasen, y mi mente se llenó de abominables
canciones que ellas le introducían; me entraron
ganas de gesticular y retorcerme como ellas hacían,
pero seguí adelante un largo trecho hasta que,
finalmente, me gustó su aspecto y dejaron de
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