Page 300 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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otro país diferente, o en alguno de los extraños
lugares citados en los Cuentos de genios y en Las
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mil y una noches, o como si me hubiera alejado a
través de los mares durante años y hubiera
encontrado otro mundo que nadie había visto ni
había oído hablar de él anteriormente, o como si,
de una forma u otra, hubiese surcado los cielos y
hubiera caído en una de esas estrellas de las que
hablan los libros, en las que todo está muerto, frío
y gris, no existe el aire y el viento no sopla. Me
senté en la piedra y miré hacia abajo en todas
direcciones. Era como estar sentada en lo alto de
una torre, en medio de una gran ciudad vacía, pues
no podía ver en torno mío más que las rocas grises
que cubrían todo el campo. Ya no podía distinguir
sus formas, pero no dejaba de verlas a lo lejos, y al
mirarlas me pareció que estaban dispuestas
formando dibujos, formas y figuras. Sabía que esto
no era posible, pues había visto que muchas de
ellas emergían directamente de la tierra,
acompañando a las grandes rocas de las
profundidades; de modo que las volví a mirar,
pero no vi más que círculos, pequeños círculos
dentro de otros mayores, y pirámides, y cúpulas, y
espirales, que parecían rodear por todas partes el
lugar donde yo estaba sentada; y, cuanto más las
miraba, más veía esos grandes anillos de rocas
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