Page 342 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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un gran torbellino, como si estuviesen en medio de


            las estrellas y las oyeran precipitarse a través de la



            atmósfera.


              De modo que bajé entre las rocas para bailar con


            ellas y cantar extraordinarias canciones, y atravesé


            el otro matorral, y bebí del claro riachuelo del poco


            accesible y secreto valle, posando los labios en la


            burbujeante  agua;  luego  proseguí  hasta  llegar  al


            hondo  y  rebosante  pozo,  rodeado  de  reluciente



            musgo, y me senté al lado.


              Miré al frente hacia la oscuridad secreta del valle;


            detrás de mí se alzaba el elevado muro de hierba,


            y a mi alrededor los espesos bosques que hacían


            del  valle  un  lugar  secreto.  Sabía  que  no  había


            ninguna  otra  persona  aparte  de  mí,  y  que  nadie


            podía  verme.  Así  que  me  quité  las  botas  y  los


            calcetines y metí los pies en el agua, pronunciando



            las palabras que sabía.


              El agua no estaba tan fría como yo pensaba, sino


            que era cálida y muy agradable, y cuando mis pies


            se introdujeron en ella, tuve la impresión de que


            eran de seda o que la ninfa me los besaba. Hecho


            esto,  pronuncié  las  restantes  palabras  e  hice  las


            señales convenidas; luego, me sequé los pies con



            una toalla que me había llevado a propósito, y me


            puse los calcetines y las botas.





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