Page 340 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cera—, y me deslicé en su interior, y cuando llegué


            al más antiguo de todos ellos me tapé la cara con



            las manos y me tumbé boca abajo sobre la hierba,


            y  permanecí  inmóvil  durante  un  par  de  horas,


            susurrándome  a  mí  misma  deliciosas  y  terribles


            cosas, y repitiendo una y otra vez ciertas palabras.


              Todo era cierto, maravilloso y espléndido, cuando


            recordaba la historia que conocía, y pensaba en lo


            que realmente había visto, me daban escalofríos y



            el  aire  parecía  llenarse  de  perfumes  y  flores  y


            canciones.


              Primero de todo quise moldear un hombrecillo de


            arcilla,  como  el  que  había  hecho  la  niñera  hacía


            tanto tiempo, y tuve que inventarme varios planes


            y  estrategias,  y  vigilar,  y  pensar  las  cosas  de


            antemano, a fin de que nadie pudiera imaginarse


            lo  que  estaba  haciendo  o  iba  a  hacer,  pues  era



            demasiado mayor para llevar arcilla en un cubo de


            hojalata. Al fin ideé un plan, llevé la arcilla húmeda


            al susodicho matorral e hice lo mismo que había


            hecho la niñera, sólo que la figura que yo hice era


            mucho  más  perfecta  que  la  de  ella;  y  cuando  la


            terminé, hice cuanto pude imaginar y mucho más


            de lo que ella hizo, por lo que su aspecto era mucho



            mejor.


              Pocos  días  después,  habiendo  terminado  de


            estudiar más temprano que de costumbre, recorrí

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