Page 341 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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por  segunda  vez  el  camino  del  arroyo  que  me


            había conducido a un país extraño. Lo seguí, pasé



            por  entre  los  arbustos  y  bajo  las  ramas  de  los


            árboles, y atravesé los matorrales espinosos de la


            colina y los sombríos bosques cubiertos de plantas


            trepadoras. Luego me arrastré por el oscuro túnel


            por donde pasaba antes el arroyo, cuyo suelo era


            pedregoso, hasta que finalmente llegué al matorral


            que  trepaba  por  la  colina,  y,  aunque  las  hojas



            estaban  brotando  de los árboles,  todo  estaba tan


            tenebroso  como  la  primera  vez  que  fui  allá.  El


            matorral era el mismo, y lo atravesé despacio hasta


            salir  a  la  gran  colina  pelada,  donde  empecé  a


            caminar entre maravillosas rocas. Vi que el terrible


            voor lo envolvía todo de nuevo, pues, aunque el


            cielo estaba más claro, el anillo que formaban las


            yermas  colinas  circundantes  estaba  todavía  en


            sombras,  los  bosques  que  las  cubrían  parecían



            sombríos y espantosos, y las extrañas rocas eran


            tan grises como de costumbre.


              Cuando las recorrí con la mirada desde lo alto del


            gran montículo, sentada encima de la piedra, pude


            contemplar sus asombrosos círculos y cercos, unos


            dentro  de  otros,  y  tuve  que  permanecer


            completamente  inmóvil,  sin  perderlos  de  vista,



            cuando  empezaron  a  volverse  hacia  mí;  cada


            piedra bailaba en su sitio, y todas parecían girar en

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