Page 412 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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no presentarse nunca más. Los alemanes
derribaron línea tras línea. El que bromeaba con
Tipperary dijo: « Y Sidney Street, ¿qué?» Y las
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escasas ametralladoras hicieron todo lo posible.
Pero todos sabían que de nada servía. Los
cadáveres vestidos de gris yacían en compañías y
batallones, mientras los demás seguían avanzando
sin parar, y se congregaban y mudaban de posición
y se adelantaban cada vez más.
—No es para tanto. Amén —dijo uno de los
soldados británicos algo impertinentemente
mientras apuntaba y disparaba. Y entonces se
acordó (según dice, sin saber por qué) de un
curioso restaurante vegetariano de Londres donde
una o dos veces había comido extravagantes platos
de croquetas hechas con lentejas y nueces en lugar
de carne. Toda la vajilla de ese restaurante llevaba
estampada en azul la figura de San Jorge, con el
lema Adsit Anglis Sanctus Georgius [Que San Jorge
ayude al inglés]. Daba la casualidad que este
soldado sabía latín y otras cosas inútiles, y ahora,
mientras disparaba a su hombre en aquella masa
gris que avanzaba hacia ellos, a trescientas millas
de distancia, expresó el piadoso lema vegetariano.
Siguió disparando hasta el final, y por fin Bill, que
estaba a su derecha, tuvo que abofetearlo
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