Page 413 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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jovialmente para hacerle parar, advirtiéndole de
que la munición costaba dinero y no podía
desperdiciarse alegremente para entrenarse
matando alemanes por pura diversión.
En cuanto el latinista pronunció su invocación
sintió que una especie de escalofrío o sacudida
eléctrica le atravesaba el cuerpo. El fragor de la
batalla fue extinguiéndose en sus oídos hasta
convertirse en un murmullo; en su lugar, dice, oyó
una voz más estrepitosa que un trueno que gritaba:
« ¡A formar, a formar, a formar!»
Su corazón se inflamó como una brasa ardiente,
luego se enfrió como el hielo, pareciéndole que un
tumulto de voces respondía a su llamamiento.
Oyó, o le pareció oír, miles de voces gritando: «
¡San Jorge! ¡San Jorge!» —¡Venga, Señor! ¡Venga
querido santo, concédenos la liberación!
—¡San Jorge por la alegre Inglaterra!
—¡Deprisa, deprisa! Monseñor San Jorge,
socórrenos.
—¡Venga, San Jorge, venga! Un arco grande y
vigoroso.
—¡Celestial caballero, ayúdanos!
Y mientras los soldados oían estas voces, Bill vio
ante él, más allá de la trinchera, una larga fila de
figuras, rodeadas por un halo. Parecían hombres
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