Page 415 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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El soldado que sabía latín oyó todo el tiempo el


              grito:



              —¡Deprisa,  deprisa!  ¡Monseñor,  querido  santo,


            acude  rápido  en  nuestra  ayuda!  ¡San  Jorge,


            socórrenos!


              —¡Supremo caballero, defiéndenos!


              Las sibilantes flechas volaron tan veloces y en tan


            gran cantidad que oscurecieron el cielo; la horda



            pagana desapareció tras ellas.


              —¡Más ametralladoras! —gritó Bill a Tom.


              —No los oigo —volvió a gritar Tom—. Pero, de



            cualquier manera, gracias a Dios; se han llevado


            una buena.


              En  realidad,  quedaron  diez  mil  soldados


            alemanes  muertos  frente  a  esa  avanzadilla  del


            ejército inglés, y por consiguiente no hubo Sedán.


            En  Alemania,  un  país  regido  por  principios


            científicos,  el  Estado  Mayor  decidió  que  los



            despreciables  ingleses  debían  de  haber  utilizado


            proyectiles que contenían algún gas desconocido


            de índole venenosa, pues en los cadáveres de los


            soldados alemanes no se apreciaba herida alguna.


            Pero  el  hombre  que  distinguía  el  sabor  de  las


            nueces aunque  las  llamasen  filete, también  sabía


            que  San  Jorge  había  traído  a  sus  arqueros  de


            Agincourt  en ayuda de los ingleses.
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