Page 411 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Cuando  hay  un  temporal  en  alta  mar  llega  un


            momento  en  que  los  tripulantes  se  dicen  unos  a



            otros: « Está en su peor momento; no puede soplar


            más fuerte» , y entonces llega una ráfaga diez veces


            más virulenta que cualquiera anterior. Eso mismo


            ocurrió en las trincheras británicas.


              No  había  en  todo  el  mundo  corazones  más


            valerosos  que  los  de  esos  hombres;  pero  incluso


            ellos  se  horrorizaron  cuando  aquel  fulminante



            infierno  producido  por  el  cañoneo  alemán  cayó


            sobre ellos, arrollándolos y destruyéndolos. Y en


            aquel  preciso  momento  vieron  desde  sus


            trincheras que una enorme hueste avanzaba contra


            sus líneas. De los mil quedaban quinientos y, hasta


            donde les alcanzaba la vista, la infantería alemana


            avanzaba contra ellos, Columna tras columna, un


            ejército gris de unos diez mil hombres, como luego


            se supo.



              No  había  ninguna  esperanza.  Algunos  batieron


            palmas. Uno de ellos improvisó una nueva versión


            de la canción de guerra Good‐bye, Good‐bye to



            Tipperary,  que  terminaba  con  la  frase  «  Y  nunca


            estaremos  allí»                  [2] .  Y  siguieron  disparando  sin


            parar.  Los  oficiales  advirtieron  que  otra


            oportunidad                    semejante                para           efectuar              un


            exorbitante tiroteo, de primera magnitud, podría





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