Page 454 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 454
ojos, pero nada decían acerca de lo que sus
corazones habían experimentado cuando por unos
instantes les inundó el resplandor del rosetón
llameante.
Durante algunas semanas permanecieron
callados, como si estuvieran asombrados; apenas
daban crédito a lo visto, diría yo. Si no hubiese
habido más que esa espléndida y ardiente
aparición, que tras mostrarse se desvaneció, creo
que hubieran dudado de sus sentidos, negando la
veracidad de sus propios relatos. Y no me atrevo a
decir que no tuviesen razón. Hombres como sir
William
[7]
Crookes y sir Oliver Lodge son, desde luego,
personajes a los que hay que escuchar con respeto,
y ellos atestiguan toda clase de eversiones
aparentes de las leyes que la mayoría de nosotros
considera más profundamente cimentadas que las
antiguas colinas. Es posible que lleven razón, pero
en el fondo de nuestros corazones lo ponemos en
duda. Nos resistimos a creer sinceramente que una
sólida mesa se eleve en el aire, sin ningún motivo
o causa mecánica, desafiando de esta manera a lo
que llamamos « ley de gravitación universal» . Sé
muy bien lo que puede alegarse en contra; sé que
en el ejemplo citado no se trata de una verdadera «
453

