Page 457 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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reventón  de  un  neumático,  cualquier  ataque


            violento  a  los  nervios  auditivos,  le  enojará  y  es



            posible que hasta suelte un taco. Por el contrario,


            el  hombre  que  no  está  «  en  forma»  se  enojará  e


            irritará fácilmente si alguien le empuja para abrirse


            paso entre una muchedumbre, o ante el tañido de


            una  campana,  o  incluso  si  se  cierra  de  golpe  un


            libro.


              A mi entender, de lo dicho por esos marineros se



            desprende  que  el  impacto  normal  del  mundo


            exterior  se  había  convertido  para  ellos  en  una


            fuente de placer. Tenían los nervios de punta, pero


            estaban dispuestos a recibir exquisitas impresiones


            sensuales. El contacto con el mástil, por ejemplo,


            file de un goce mayor que el que la delicada seda


            puede  producir  en  algunas  pieles  voluptuosas.


            Bebían agua y abrían los ojos de par en par como


            si  fuesen  fins  gourmets  saboreando  algún  vino



            maravilloso. El crujido y el zumbido de sus barcas


            a marcha lenta les deleitaba tanto como una fuga


            de Bach a un aficionado a la música.


              Aquellos rudos marineros tenían entre ellos sus


            peleas,  disensiones,  desavenencias  y  envidias,


            como  el  resto  de  nosotros;  pero  todas  ellas  se



            acabaron desde el momento en que vieron la luz


            rosada. Antiguos enemigos se estrechaban la mano





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