Page 462 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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más sublime; hay frases en los libros antiguos que
hablan de los santos celtas que vagamente lo dan a
entender; algunos maestros italianos de la pintura
también los conocieron, pues una luz parecida
brilla en sus cielos y alrededor de las almenas de
sus ciudades, construidas sobre montañas
mágicas. Pero no son más que indicios inciertos.
No es poético acudir al gremio de boticarios en
busca de símiles. Pero durante muchos años
guardé un artículo de la revista Lancet —o quizás
fuese la British Medical Journal, no recuerdo bien
cuál de ellas— en el que un médico daba cuenta de
ciertos experimentos que llevó a cabo con una
droga llamada Botón de Mezcal, o Anhelonium
Lewinii. Bajos los efectos de esa droga, tenía que
cerrar los ojos, e inmediatamente surgían ante él
increíbles catedrales góticas de tal majestuosidad y
esplendor que ninguna mente podría imaginar.
Parecían surgir de lo más profundo del cielo, sus
agujas destacaban entre las nubes y las estrellas,
estaban construidas con admirable imaginería.
Cuando las contemplaba, en seguida se daba
cuenta de que todas las piedras tenían vida, que se
movían y palpitaban, como si fuesen piedras
preciosas, digamos esmeraldas, zafiros, rubíes,
ópalos… pero de unos tonos que el ojo humano
jamás había visto.
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