Page 461 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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en la nave no pudieron dar ninguna explicación de
lo que habían hecho. Dijeron que lo hicieron
porque tuvieron el presentimiento de que « tenían
que ir» , y acudieron rápidamente; se vieron
impulsados a ello por una orden secreta e
irresistible, por así decirlo. Pero todos los que
estaban presentes en la iglesia aquella mañana se
quedaron atónitos, aunque exultantes en sus
corazones; pues, al igual que los marineros que
vieron el rosetón de fuego en alta mar, se sentían
rebosantes de un júbilo que era literalmente
inefable, ya que no podían expresarlo ni
interpretarlo.
Y también ellos, como los marineros, se
transmutaron o, por decirlo de otra forma, el
mundo se transmutó para ellos. Experimentaron lo
que los médicos llaman una sensación de bien être,
sólo que elevada a la máxima potencia. Los viejos
volvían a sentirse jóvenes, los ojos que habían
perdido vista de pronto veían con claridad,
aunque ahora contemplaran un mundo rectificado
y resplandeciente, como si una llama interior
brillase en todo, y detrás de todo.
Es extremadamente difícil dejar constancia de este
estado, ya que se trata de una experiencia tan rara
que no existe lenguaje capaz de expresarla. Una
sombra de sus éxtasis la encontramos en la poesía
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