Page 460 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Y al comenzar los cánticos, los que estaban en los


            bancos al otro lado del muro salieron en tropel a



            través de la arcada y se desparramaron por la nave.


            Ocuparon los lugares que encontraron vacíos, y el


            resto de la congregación los miró con asombro.


              Nadie sabía lo que había ocurrido. Aquellos


            cuyos asientos estaban cerca del pasillo trataron


            de mirar hacia el presbiterio, para ver qué había


            sucedido, o iba a suceder, allí. Pero por alguna



            razón la luz procedente de los ventanales que


            había encima del altar (los únicos del presbiterio,


            si exceptuamos una pequeña lanceta en la pared


            que da al sur) brillaba tanto que nadie podía


            distinguir nada.


              —Fue  como  si  allí  colgara  un  velo  de  oro


            adornado con rubíes —dijo un hombre.


              Y en efecto, en los cristales de las lancetas de la



            parte este aún quedaban retazos y residuos de la


            antigua pintura.


              Pero  hubo  pocos  en  la  iglesia  que  de  vez  en


            cuando no oyesen voces que hablaban al otro lado


            del velo.




                                   6. EL SUEÑO DE OLWEN



              Los  personajes  acaudalados  y  dignos  que


            abandonaron  sus  bancos  en  el  presbiterio  de  la


            iglesia de Llantrisant y entraron precipitadamente



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