Page 481 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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reclinado sobre el escritorio de su estudio, en
medio de un desorden de papeles manuscritos.
—¿Sigue todavía ocupado en su antigua tarea? —
dijo Vaughan, señalando el montón de papeles y
las abundantes casillas.
—Sí, la vana búsqueda de la literatura, tan ociosa
como la alquimia, e igual de arrebatadora.
Supongo que habrá venido a la ciudad para algún
tiempo. ¿Qué haremos esta noche?
—Bueno, más bien desearía que se viniera usted
conmigo unos días al oeste. Estoy seguro de que le
haría mucho bien.
—Es usted muy amable, Vaughan, pero Londres
en septiembre es difícil de dejar. Doré no podría
dibujar nada tan maravilloso y místico como
Oxford Street tal cual la vi la otra tarde: la
llameante puesta de sol y la azulada bruma
convertían la simple calle en una “lejana vía de la
ciudad espiritual”.
—Sin embargo, me gustaría que viniera conmigo.
Disfrutará vagando por nuestras colinas. ¿Vale
acaso la pena seguir trabajando todo el día y toda
la noche? Me deja usted absolutamente perplejo;
me pregunto cómo puede trabajar así. Estoy
seguro de que le deleitará la gran paz de mi viejo
hogar entre bosques.
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