Page 483 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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propia tierra, y como ambas granjas distaban
solamente cinco o seis millas se puso en marcha,
advirtiendo a sus padres que tomaría el atajo de las
colinas. Nunca llegó a casa de su tía, y nunca más
fue vista. Eso fue, en pocas palabras, lo que
ocurrió.
—¡Qué cosa más extraordinaria! Supongo que no
habrá en esas colinas minas abandonadas. Aunque
no creo de verdad que nadie corra hacia algo tan
formidable como un precipicio.
—No; el camino que la chica debió tomar no tenía
trampas de ninguna clase; es solamente una senda
sobre la agreste y desnuda ladera de la colina, lejos
incluso de cualquier apartado camino. Se pueden
recorrer en ella muchas millas sin encontrar un
alma, pero es del todo segura.
—Y, ¿qué dice la gente?
—¡Oh! Cuentan disparates entre ellos. No se
imagina usted la cantidad de aldeanos
supersticiosos que hay en parajes tan remotos
como el mío. Son tan exagerados como los
irlandeses, ni una pizca menos, y aún más
reservados.
—Pero, ¿qué dicen?
—¡Oh! Suponen que la chica se ha “ido con las
hadas” o ha sido “arrebatada por las hadas”. ¡Vaya
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