Page 487 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cantidad de pequeños pedernales ordenados
según un modelo; algo como esto —y el señor
Vaughan cogió un lápiz y una cuartilla de papel y
dibujó unos cuantos trazos.
—¿Comprende usted? —continuó diciendo—.
Había, según creo, doce piedras pequeñas
cuidadosamente alineadas y espaciadas a
distancias iguales, como le he mostrado en el
papel. Eran piedras puntiagudas y las puntas
estaban cuidadosamente orientadas en la misma
dirección.
—Sí —dijo Dyson, sin demasiado interés—. No
hay duda de que los niños que usted ha
mencionado estuvieron jugando allí a su paso para
la escuela. Los niños, como usted sabe, son muy
aficionados a hacer semejantes composiciones con
conchas de ostra, pedernales, flores o cualquier
otra cosa que se cruce en su camino.
—Así pensaba yo. Únicamente reparé en que
estos pedernales estaban ordenados según una
especie de patrón. Pero a la mañana siguiente tomé
el mismo camino, que, a decir verdad, es habitual
en mí, y de nuevo vi en el mismo sitio un dibujo
hecho con pedernales. Esta vez era un modelo
realmente curioso; algo así como los radios de una
rueda, confluyendo todos en un centro común
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