Page 494 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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encapotado y una atmósfera silenciosa y
fantasmal.
La voz del señor Vaughan rompió el silencio.
—Pensé que estaría usted demasiado cansado
para madrugar tanto —dijo—. Veo que está
admirando la vista. Es preciosa, ¿verdad? Aunque
supongo que el viejo Meyrick Vaughan no pensaba
demasiado en el paisaje cuando construyó la casa.
Una rara y sombría mansión antigua, ¿no es cierto?
—Sí, y ¡qué apropiada a los alrededores! Parece
una prolongación de las colinas grises y el puente
de abajo.
—Me temo que le he preocupado con falsas
apariencias, Dyson —dijo Vaughan, cuando
ambos comenzaron a pasear de un lado a otro de
la terraza—.
He estado en el lugar de siempre esta mañana, y
no había ninguna señal.
—¿De veras? Bien, supongo que iremos juntos
hasta allí.
Ambos hombres atravesaron el césped y tomaron
un sendero por entre los matorrales de acebo que
conducía a la parte trasera de la casa. Allí,
Vaughan señaló el camino que descendía hasta el
valle y luego ascendía a las cumbres por encima de
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