Page 500 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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los granjeros encuentran vestigios de hogueras en


            la  parte  más  agreste  de  las  colinas,  pero  nadie



            parece saber quiénes son los que las encienden.


              —¿Seguro que parecen de gitanos?


              —No, en semejantes lugares no. Los caldereros,


            gitanos  y  vagabundos  de  todas  las  especies,  se


            aferran  a  los  caminos  y  no  van  más  allá  de  las


            granjas.



                 —Bueno, nada más puedo añadir. Vi a los niños


                         pasar esta tarde, y, como usted dice, corrían


                                        decididos. Así que, en todo caso, no


                                         encontraremos más ojos en la tapia.


              —No,  debo  detenerlos  uno  de  estos  días  y


              averiguar quién es el artista.


              A  la  mañana  siguiente,  cuando  Vaughan


            efectuaba su habitual paseo desde el césped a la


            parte  trasera  de  la  casa,  se  encontró  a  Dyson



            esperándole junto a la puerta del huerto, y, a todas


            luces,  en  un  estado  de  gran  excitación,  pues  le


            hacía furiosas señas con las manos y gesticulaba


            violentamente.


              —¿Qué  ocurre?  —preguntó  Vaughan—.  ¿Otra


              vez los pedernales?



              —No, mire allí, en la tapia. Allí, ¿no lo ve?


              —¡Otro ojo de esos!









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