Page 505 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—No me refiero a su ponchera. Debe creerme, su
vajilla nunca ha estado amenazada. No, no le
molestaré con más suposiciones. Dentro de poco
tendremos, con toda probabilidad, algo más firme
que meras suposiciones. Buenas noches, Vaughan.
A la mañana siguiente Dyson partió después del
desayuno. Tomó el sendero que bordeaba la tapia
del huerto y advirtió que ahora eran ocho los
misteriosos ojos almendrados débilmente
delineados sobre el ladrillo.
—Seis días más —se dijo a sí mismo; pero cuando
reflexionó acerca de la teoría que había elaborado,
desechó, a pesar de su fuerte convicción, semejante
fantasía tan increíble. Se puso en marcha por entre
las densas tinieblas del bosque, y, finalmente, llegó
a la desnuda ladera, y trepó cada vez más alto
sobre el resbaladizo césped, sin perder de vista el
norte y siguiendo las indicaciones que le diera
Vaughan.
Mientras proseguía su ascensión le parecía como
si se elevara por encima de este mundo cotidiano.
A su derecha contempló una franja de árboles
frutales y vio un tenue humo azulado elevándose
como un pilar, era el caserío de donde procedían
los niños de la escuela, único signo de vida en toda
la zona, ya que los bosques ocultaban con sus
enramadas el viejo caserón gris de Vaughan.
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