Page 504 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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junto a la ventana abierta, mirando al valle, y veía,


            como  en  un  cuadro,  el  intrincado  serpenteo  del



            arroyo,  el  puente  gris,  y  las  vastas  colinas


            elevándose al fondo.


              Todo estaba tranquilo, sin una brizna de viento


            que sacudiera los místicos bosques colgantes; los


            arreboles de la puesta de sol resplandecían sobre


            los  helechos,  mientras  abajo,  una  tenue  niebla


            blanca  comenzaba  a  levantarse  de  la  corriente.



            Dyson  se  acercó  a  la  ventana  cuando  el  día


            oscurecía  y  las  inmensas  colinas  en  forma  de


            bastión se vislumbraban vastas y confusas, y los


            bosques  aparecían  tenues  y  más  indefinidos.  La


            fantasía  que  se  había  apoderado  de  él  ya  no  le


            parecía  del  todo  imposible.  Pasó  el  resto  de  la


            velada  en  un  ensueño,  oyendo  a  duras  penas  lo


            que Vaughan decía. Y cuando tomó su vela en el


            vestíbulo, se detuvo un momento antes de desearle



            buenas noches a su amigo.


              —Necesito  un  buen  descanso  —dijo—.  Mañana


              tengo cosas que hacer.


              —¿Se refiere a escribir?


              —No. Voy a buscar la Copa.


              —¡La  Copa!  Si  se  refiere  a  mi  ponchera  está  a



              salvo en su cofre.









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