Page 509 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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hablaron por temor a romper el fantasmal silencio.
Al fin llegaron a la escarpada ladera, y en lugar de
la opresión del bosque se toparon con la vasta y
confusa extensión del césped; más arriba, las
fantásticas rocas de caliza inspiraban horror en la
oscuridad y el viento silbaba a su paso por las
montañas hacia el mar, produciendo un escalofrío
en sus corazones. Les parecía que habían caminado
sin parar durante horas, y, sin embargo, la tenue
silueta de la colina se extendía aún ante ellos, y las
hoscas rocas se mostraban todavía amenazantes en
la oscuridad. De repente, Dyson susurró algo,
tomó aliento rápidamente y se acercó a su
compañero.
—Aquí —dijo— nos tumbaremos. No creo que
ocurra nada todavía.
—Conozco el sitio —dijo Vaughan, al cabo de un
rato—. He estado aquí a menudo durante el día.
Según creo, los campesinos temen venir aquí. Se
supone que es un castillo de hadas o algo por el
estilo. Pero, ¿por qué demonios hemos venido
aquí?
—Hable un poco más bajo —dijo Dyson—. No
nos beneficiaría nada que nos entreoyeran.
—¿Entreoírnos aquí? No hay un alma en tres
millas a la redonda.
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