Page 56 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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pero así fue. Le di un poco de dinero y le despedí;


            y le aseguro a usted que cuando se marchó respiré



            con dificultad. Su presencia parecía helarle a uno


            la sangre.


              —¿No exagera usted un poco, Villiers? Supongo


            que el pobre tipo se casaría precipitadamente y, en


            lenguaje corriente, iría a menos.


              —Bien, escuche esto.



                 Villiers le contó a Clarke la historia que había


                                escuchado de labios de Austin.


              —Como  verá  —concluyó—,  no  existe  la  menor


            duda  de  que  ese  señor  ***,  quienquiera  que  sea,


            murió de puro terror, vio algo tan espantoso, tan


            terrible, que le segó la vida. Y lo que vio, desde


            luego lo vio en aquella casa, que, por una u otra


            razón,  goza  de  mala  reputación  en  la  vecindad.


            Tuve la curiosidad de ir en persona a ver semejante



            lugar. Es una calle de aspecto muy triste; las casas


            son  lo  bastante  viejas  para  resultar  sórdidas  y


            lúgubres,  pero  no  lo  suficiente  para  ser


            pintorescas.  Por  lo  que  pude  ver,  la  mayoría  se


            alquilan  por  apartamentos,  amueblados  y  sin


            amueblar, en número de tres en casi todas ellas;


            algunas  plantas  bajas  han  sido  convertidas  en



            tiendas  de  lo  más  vulgar;  se  trata  de  una  calle


            deprimente en todos los aspectos. Comprobé que


            el número veinte estaba por alquilar y me dirigí a

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