Page 57 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
P. 57
la agencia, donde me entregaron la llave. Por
supuesto, en aquel tiempo todavía no había oído
nada acerca de los Herbert, mas le pregunté al
agente, que me pareció honrado, cuánto hacía que
habían dejado la casa y si, entre tanto, esta había
tenido otros inquilinos. Me miró con extrañeza
durante unos instantes y luego me dijo que los
Herbert se habían marchado inmediatamente
después del disgusto, así lo llamó, y que desde
entonces la casa había estado deshabitada.
El señor Villiers hizo una pausa.
—Siempre me ha gustado visitar casas
abandonadas; encuentro una especie de
fascinación en esas desoladas habitaciones vacías,
con clavos en las paredes y una espesa capa de
polvo en los antepechos de las ventanas. Pero no
disfruté al recorrer el número veinte de Paul Street.
Apenas puse el pie en el corredor, noté una extraña
y agobiante sensación en la atmosfera. Ya sé que
todas las casas deshabitadas están mal ventiladas
y demás; pero aquella tenía algo completamente
diferente; no sabría describírselo; era algo que
parecía dejarle a uno sin respiración. Entré en la
sala de estar, en el cuarto trasero y en la cocina de
la planta baja; estaban bastante sucios y
polvorientos, como era de esperar; pero había algo
extraño en todos ellos. No se lo podría precisar; lo
56

