Page 52 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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encontraron la manera de procesar a los Herbert


            por asustar a un hombre hasta causarle la muerte.



            De  cualquier  forma,  no  hicieron  nada  y  el  caso


            acabó por olvidarse. ¿Acaso ha sabido usted algo


            acerca de Herbert?


              —Bueno —replico Villiers—, fuimos compañeros


              de colegio.


              —¡No  me  diga!  ¿Vio  usted  alguna  vez  a  su



              esposa?


              No, hace años que he perdido de vista a Herbert.


              —Es  extraño,  ¿no  le  parece?,  separarse  de  un


            hombre a la salida del colegio o en Paddington, no


            saber nada de él durante años y luego verle asomar


            la  cabeza  en  un  lugar  tan  raro.  Pero  me  habría


            gustado conocer a la señora Herbert; se cuentan de


            ella cosas extraordinarias.


              —¿Qué clase de cosas?



              —Bueno,  casi  no  sé  cómo  explicarlo.  Todos  los


            que la vieron en el tribunal afirmaron que era la


            más bella y a la vez la más repulsiva mujer en la


            que  habían  puesto  los  ojos.  He  hablado  con  un


            hombre  que  la  vio  y  le  aseguro  a  usted  que  se


            estremeció,  literalmente,  al  tratar  de  describirla,



            aunque no supo decir por qué. Por lo visto, era una


            especie de enigma y supongo que, si aquel muerto


            hubiera  podido  hablar,  habría  contado  cosas





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