Page 55 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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extraños. Pero este, creo, los supera a todos. Salía


            yo  de  un  restaurante  una  desapacible  noche



            invernal  hará  unos  tres  meses;  había  cenado


            excelentemente, acompañado de una buena botella


            de


            Chianti, y permanecía unos instantes en la acera,


            meditando  acerca  del  misterio  de  las  calles  de


            Londres y de las gentes que por ellas pasaban. Una


            botella  de  vino  tinto  estimulaba  este  tipo  de



            fantasías, Clarke; y me atrevo a decir que habría


            imaginado toda una página con letra pequeña, de


            no haber sido interrumpido bruscamente por un


            mendigo que se me había acercado por detrás y me


            hacia las suplicas habituales. Volví la cabeza, por


            supuesto, y el mendigo resultó ser lo que quedaba


            de  un  viejo  amigo  mío,  un  hombre  llamado


            Herbert.  Le  pregunté  cómo  había  llegado  a  esa


            situación tan espantosa y me lo contó. Paseamos de



            arriba abajo por una de esas calles largas y oscuras


            del  Soho.  Me  dijo  que  se  había  casado  con  una


            chica muy guapa, unos años más joven que él, la


            cual le había corrompido, esa fue su expresión, en


            cuerpo y alma. No entró en detalles; dijo que no se


            atrevía,  que  lo  que  había  visto  y  oído  le


            atormentaba  noche  y  día.  Al  mirarle  a  la  cara



            comprendí que estaba diciendo la verdad. Había


            algo en él que me hizo estremecer. No sé por qué,

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