Page 582 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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es sino un confuso y fragmentario reflejo de otras
actividades que formaron parte de la naturaleza
primigenia del hombre, y del fiat que entonces le
fue confiado.
Como he señalado, escuché con cierto interés
estas y otras similares exposiciones de las
extraordinarias creencias del señor Glanville. No
podía dejar de pensar que semejantes opiniones
estaban en muchos aspectos más de acuerdo con
la doctrina que yo me había comprometido a
comentar que muchas de las enseñanzas de los
filósofos actuales, que parecen exaltar el
racionalismo a expensas de la Razón, tal como
nos muestra Coleridge a esta divina facultad. Sin
embargo, cuando asentí, dejé claro a Glanville
que mi asentimiento estaba restringido por mi
firme adhesión a los principios que
solemnemente había profesado al ordenarme.
Pasaron los meses en el tranquilo cumplimiento
de los deberes pastorales propios de mi oficio. A
comienzos de marzo recibí una carta de mi
amigo el señor S., en la que me informaba que el
aire de Torquay le había beneficiado
enormemente, y que su consejero médico le
había asegurado que no debía titubear más en
reasumir sus obligaciones en Londres. Por
consiguiente, S. se proponía volver en seguida y,
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