Page 583 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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tras expresarme afectuosamente su
agradecimiento por mi excepcional amabilidad,
así la llamó, me anunció su deseo de cumplir con
su deber en los servicios eclesiales del próximo
domingo. En consecuencia, visité por última vez
a aquellos feligreses con los que más
particularmente me había tratado, reservando
mi visita al señor Glanville para el último día de
mi estancia en S.N. Sentía, creo yo, enterarse de
mi inminente partida, y me dijo que siempre
recordaría con sumo placer nuestros
intercambios de impresiones.
—Yo también abandono S.N. —añadió—. A
comienzos de la próxima semana embarco para
Oriente, donde mi estancia puede prolongarse
durante mucho tiempo.
Tras expresarnos cortésmente nuestro mutuo
pesar, me levanté de la silla y ya iba a
despedirme cuando noté que Glanville me
observaba con una extraña mirada fija.
—Un momento —dijo, atrayéndome a la ventana
en donde estaba—. Quiero mostrarle el
panorama. No creo que lo haya visto nunca.
La sugerencia me pareció rara, por no decir otra
cosa peor. Por supuesto conocía la calle en donde
residía Glanville, como la mayoría de las calles
de S.N.; y, por su parte, él debía ser bastante
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